Quiénes Somos

 

En 1869 el emigrante vasco Ángel Vélaz compró 1.000 has. a una antigua familia de tiempos coloniales y estableció una pulpería de campaña donde se reunían los pocos moradores de la zona para sobrellevar el desierto, la distancia y el silencio. Por allí, también pasaban las carretas que venían por el Camino Real trayendo frutos del país y la correspondencia, atravesando la pampa infinita, en tiempos en los que no había alambrados, ni arboledas, ni molinos ni trenes.

 

Esta Pulpería, denominada “La Esquina de Vélaz”, congregaba los días domingo a los inmigrantes recién llegados de Europa y a los gauchos (aún en chiripá y botas de potro) que, bajo los efectos del alcohol y del centelleo de los facones, obligaban a protegerse al pulpero detrás del hierro de las rejas.

 

Por el Camino Real –denominado así por la autorización del monarca español- que venía de San Antonio de Areco a Pilar, pasó Camila O´Gorman en su marcha hacia el fusilamiento y, también lo hizo Don Segundo Ramírez (figura idealizada por Ricardo Güiraldes en su obra “Don Segundo Sombra”) arreando tropas de ganado hacia Buenos Aires. En 1871 esta misma casa albergó durante tres meses a toda la familia y moradores de la zona, cuando la terrible epidemia de fiebre amarilla azotó a nuestra capital.

La hija de Ángel Vélaz, María -casada con Eduardo Goyenechea- en los primeros años del siglo XX, mejoró el casco a través de una moderna construcción e introdujo mayores comodidades, una forestación importante, un palomar y un jardín exótico. Fue así que se constituyó en uno de los establecimientos más emblemáticos de los partidos de Exaltación de la Cruz y Pilar. La antigua casona conserva aún un estilo ciertamente original que reúne lo colonial, mezclado con tendencias italianizantes y art-nouveau.

 

Su jardín principal, dotado de una vegetación exótica y variada, ostenta también árboles sesquicentenarios y la presencia del palo borracho más alto de Buenos Aires y alrededores.

 

La modernidad de la época se expresaba a través del molino de viento, su parquización, la cocina económica, el sistema de cañerías inglesas que se extendía a todo el casco. Tantas atenciones llevaron a que el nombre original "La Mariane" por la esposa del propietario, deviniese en “La Mimosa”, -término de la época- que reflejaba la consagración que su dueño empeñó para su mejoramiento estético y funcional.